58 PORTRAITS 1996

Publicado el 12 de Febrero de 2012 por Angel en Exposiciones

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La Galería Detrás del Rollo, encargó al fotógrafo Ángel Fernández Saura que fotografiara a cada uno de los artistas que participarían en el 1º Supermercado de Arte Contemporáneo de Murcia realizado la Navidad del año 1996, para que el público relacione y conozca a los artistas.

Así comienza una lucha de la galería por que el publico murciano empiece a introducirse en el mundo del arte y conozca de cerca a los algunos de los artistas con los que la galería trabajará durante toda su trayectoría.

Durante un mes, el fotógrafo instaló en la galería su estudio fotográfico, para reunir al listado de artistas que participaban en la exposición.

Hoy, 16 años después, la galería recupera esa colección de retratos fotográficos para su exposición individual y excusa perfecta para un reencuentro de artistas y amigos, con especial recuerdo de los ausentes.

La fotografía de Angel Fernández Saura

Publicado el 11 de Febrero de 2012 por Angel en Críticas | Lo que dicen de mí

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Es un fotógrafo que acumula premios y éxitos; tiene una visión espacial en su retina para ver y mirar el paisaje, los objetos, la figura humana. Se convierte así la  mirada de Ángel Fernández Saura,  en prodigio. Así lo demuestra, según mi criterio, en dos series, entre otras, de distinta naturaleza pero de idéntico misterio y milagro: “Retratos” y “Paisaje con figura”. Para mi el “tempo” en el cine es algo ineludible, casi religioso; en la fotografía su “tiempo”, se hace memoria instantánea.
Pero ¿qué es, en realidad, el tiempo fotográfico al que me refiero? Si al espacio-tiempo einsteiniano añadimos el “evolucionismo cósmico” y el “universo cristificado” propugnados por Teilhard de Chardin concluiremos en los últimos casi cien años el tiempo ha dejado de ser una sustancia casi mágica para transformarse en eje en torno al cual gira todo el proceso (latido y propósito) del universo. Es pues, este tiempo, el que  fotografía Fernández Saura con un arte inmerso en el tiempo de obturación de su objetivo, de su iris fantástico.
No nos basta en su arte la definición leibniziana del tiempo como orden o relación que guardan los acontecimientos entre sí. Porque el tiempo es eso y es mucho más que eso. La simple realidad es que nuestras limitaciones epidérmicas, nos impiden comprender objetivamente y como espectadores de sus imágenes, realmente, el universo en que vivimos. Sigue siendo un enigma, por ejemplo, la sugerencia apuntada por Von Uesküll y Von Baer respecto a la existencia en nuestro cerebro de un resorte dedicado al sentido del tiempo. Las fotografías de Fernández Saura hacen que ese mecanismo se convierta, no sólo en una verdad tangible, sino admirable. Su sentido del tiempo es real y armónico, equilibrado y bellísimo.
El dato escueto es que cuánto más avanza la ciencia, más y más nos encontramos ante el carácter “místico”, sagrado e inapresable del universo. Por otra parte, como demostró Einstein, también el espacio y el tiempo –al igual que los conceptos de color, tamaño etc..- son formas de intuición que no pueden divorciarse de nuestra conciencia. Y eso es, en realidad palpable, lo que retrata nuestro artista y su parpadeo. Porque el tiempo, uno y múltiple, es cera en la que cada criatura imprime su concepción subjetiva de sus personajes y sus efectos, sus grises y claroscuros, sus matices y sus encuadres. Para Voltaire el tiempo es un consolador de emociones; Para Cervantes –como para el fotógrafo- es el salteador y robador de la humana belleza de las mujeres; para Splengler es un descubrimiento que no hacemos hasta que pensamos. Para los budistas el tiempo es como una gigantesca “samsara” o rueda de las encarnaciones cuyo periodo cíclico es el gran Kalpa.
Ya lo he dicho con intención de claridad meridiana, lo que Ángel Fernández Saura trae en su fotografía, y conscientemente no he traído aquí a otros luminosos colegas, es el tiempo real de un planeta vivo de imágenes. Algo así como el frenazo en la última frontera de lo posible; la resolución de un misterio que llamamos tiempo a partir de la fotografía; de un instante de emoción cotidiana; de un momento de proyección lúdica; de un rostro que ya es eterno; de una actitud humana reconocible en la esencia del personaje reproducido. No existe ninguna edad en su fotografía, porque abarca todas ellas en la disolución y versión de su tiempo de luz. Maestro y genio, lleva consigo todas las ventajas de su privilegiado don artístico.
Juan Bautista Sanz

Boceto de Oda para el artista fotógrafo Ángel Fernández Saura

Publicado el 30 de Mayo de 2011 por Angel en Poemas | Lo que dicen de mí

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Sin más problema que el tiempo que habría de emplear en ello, bien podría convertir estos versos libres, aun con alguna que otra rima interna, en perfectos endecasílabos blancos, que loasen con más belleza formal a quien en ellos se mienta. Pero no quiero. Al modo en que cierta tendencia del arte moderno considera y propone el inacabado como inquietante expresividad, así quiero yo cantar la fuerza de los retratos de AFS. Igual que las esculturas que dejan la piedra virgen e informe como basamento de la efigie, así quiero yo cantar a artista fotógrafo. Cuidé la comunicación fluida de los versos y nada más. Todo al servicio del fondo temático, nada al de la forma métrica tradicional.
Podría pensar algún malintencionado que esta crónica no es sino reclamo para ser retratado por AFS. No hay nada de eso. No resultó natural que me retratara en aquellos mágicos 80… O mejor, fue natural que no me retratara entonces. Y, consecuentemente, igual ocurrirá ahora, pues sería inducido, provocado, artificioso. Únicamente lo natural fluye. Lo construido por estrategia bastarda, indigesta.
Conocí a Ángel en los tiempos infantiles de La Glorieta, cuando los primeros 60. Ya estamos en los 10 de la centuria siguiente. Luego de 50 años, un abrazo, Ángel.

Santiago Delgado

Yo, que nunca fui retratado
por Ángel Fernández Saura,
que nunca vi gastada mi alma
por su objetivo de terrible
objetividad realista y pura…

Yo, que jamás atravesé
troncónicamente disminuido
por la luz de su obturador
abierto en instantáneo segundo…

Yo, que aún tengo mi alma
absurdamente entera
y no bien gastada, con honradez,
por sus fotografías mágicas…

Yo, en verdad, en verdad os digo
que echo mucho de menos,
-precisamente por no haberla tenido nunca-
aquella disminuida alma
que él me pudo gastar al retratarme.

Y habré de llegar a viejo,
con toda mi alma a cuestas,
sin tener fuera de mí aquel sobrante
del que su máquina y su arte
pudo en aquellos tiempos librarme.

Sólo me queda recordar
a los amigos de entonces
cómo eran recortados
de sus sobrantes de alma,
y mirarlos ahora,
con un alma ajustada
a su ser y a su existencia,
íntegramente por entero en un todo
más equilibradamente perfecto
que cuando antes, cuando
aquella madurez nuestra,
experimental y reciente,
iba pidiendo a gritos ser recortada.

Justo, al mismo modo
en que algunos indígenas sabios,
de los que aún quedan por el mundo,
creen, o saben, que con la fotografía,
los occidentales les gastan el alma.