ZOOILÓGICO

Publicado el 19 de Mayo de 2011 por Angel en Lo que dicen de mí

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La fotografía es abstracción de la realidad y por más verismo que se persiga cualquier intento de objetividad que se realice detrás de una cámara está condenado a ser malogrado. Aún en su faceta más documentalista la fotografía es abstracción de la realidad, extracción de fragmentos de su entorno espacio temporal, que son aislados de las circunstancias que los envuelven y configuran su esencia, para pasar a convertirlos en un refrendo icónico reconstruido, en una visión subjetivamente re-presentada, una simulación de lo real. La fotografía es artificio, el arte es artificio.

Las imágenes del Zooilógico de Ángel Fernández Saura indagan en la vieja aspiración proveniente del espacio ilusionista del teatro griego de duplicar la realidad como las uvas de Zeuxis de las que iban a picotear los pájaros, el ilusionismo espacial de la perspectiva geométrica renacentista, la tramoyística o los espejos barrocos. Las tecnologías de la imagen que se han ido desarrollando desde la invención de la fotografía han supuesto un gran avance en el ilusionismo, en la construcción de realidades virtuales y mundos alternativos que figuran realidad. Cuanto más se desarrolla la tecnología más se perfecciona el ejercicio de la simulación. Al igual que se suplanta la realidad por su imagen, para aproximarle al espectador un mundo exótico o remoto, un lugar inaccesible que es reconstruido para que experimente una vivencia que no le es próxima o adquiera un conocimiento, el fotógrafo se ha aproximado a un museo de historia natural que no más que una duplicación hiperrealista de las apariencias del mundo visible, es una ilusión fantasmal, una simulación de la vida que nos permite viajar con la mirada desde la inmovilidad.

La fotografía de Ángel Fernández Saura desde aquellas en las que extrae fragmentos de tipo constructivo en las arquitecturas y paisajes urbanos, hasta aquellas de inspiración natural en las que los motivos son detalles sobredimensionados, pasando incluso por sus desnudos femeninos, ha manifestado una marcada inclinación hacia la abstracción. Pero lo que en otros trabajos anteriores era serenidad, equilibrio compositivo, en las imágenes de esta serie se convierte en tensión representativa al plantearnos un mundo a nivel perceptivo realista, pero que es tan simulación como pueda ser una demostración de realidad virtual. Saura nos presenta fragmentos de una naturaleza muerta y domesticada que es puro artificio como un imperecedero y bello bodegón de apetecibles frutos de cera y olorosas rosas de plástico, en el que el paisaje es un perfecto decorado en el que las bestias detenidas posan para el fotógrafo amablemente, en instantáneas imposibles. La sensación que produce este Zooilógico es extraña y paradójica, paraíso artificial donde no se siente el viento mecer las ramas de los árboles y el agua del arroyo sin estar estancada no corre.

Julián Pérez Páez

Fragmentos de realidad.

Publicado el 16 de Mayo de 2011 por Angel en Críticas | Lo que dicen de mí

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Sólo el ojo de la cámara de un fotógrafo, como el microscopio de un científico, puede captar las marañas de líneas y texturas que se entremezclan en la naturaleza. El cambio de 1:1 a otras escalas permite insistir en los detalles, extrayendo o subrayando el interés de una imagen. Podríamos llegar a pensar que un fotógrafo es un pintor pero no es exactamente así. Un pintor macha el lienzo, lanza la pintura contra la superficie plana, restriega el color con su brocha. Debe dejar descansar la composición, esperar que se maceren las tintas para ver si son realmente las cromas que busca. Necesita tiempo porque pinta con la memoria. Sabe que busca pero debe construirlo a golpe de intuición. Su mano obedece su intelecto. Pinta lo que quisiera ver y para ello debe ejercitar todo su cuerpo. De hecho todo cuadro es un ejercicio físico del artista. Algo que entendemos muy bien al ver, sobre todo cualquier cuadro abstracto de grandes dimensiones. Sin embargo, la fotografía, por sus características técnicas, debe recorrer el camino inverso, como bien queda demostrado en la obra de Angel Fernández Saura. Sus fotografías resultan casi abstractas por su exámen concreto de lo cotidiano. Fernández Saura parece llevar al límite los supuestos estéticos que alimentaron los movimientos fotográficos de grupos como f/64 y Nueva Objetividad que, desde libros como El Mundo es bello de Renger-Patzch, reivindican para la fotografía una nueva filosofía en la que ésta debía crear, con sus propios medios técnicos, imágenes capaces de existir por sí mismas, es decir la fotografía pura.
Angel Fernández Saura ejercita su ojo para extraer de la realidad trozos que descontextualizados, puedan llevarnos a pensar que estamos ante lienzos de pintura abstracta. Su fotografía, desprovista de marcos, passe-par-tout o cristales protectores,  adquiere una nueva dimensión, en apariencia pictórica, aunque se encuentre plenamente inmersa en la pura representación de la realidad. Para conseguir esta paradoja, el fotógrafo se vale, además, de los recursos tecnológicos de la digitalización. Unos medios que no alcanzan los procesos de captura y manipulación, pero sin en la estampación. Estos últimos magnifican la calidad de las texturas y colores de las gigantes imágenes realizadas. Al ver sus imágenes uno tiene la vaga sensación de saber qué son. El juego visual es recomponer la imagen total de la que parten. Angel Fernández Saura construye una realidad como un científico construye la suya desde partículas que son la parte de un todo.

Mara Mira.
Historiadora del Arte
Critica de Arte

La mirada de Ángel Fernández Saura

Publicado el 9 de Mayo de 2011 por Angel en Críticas | Lo que dicen de mí

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Es un fotógrafo que acumula premios y éxitos; tiene una visión espacial en su retina para ver y mirar el paisaje, los objetos, la figura humana. Se convierte así la  mirada de Ángel Fernández Saura,  en prodigio. Así lo demuestra, según mi criterio, en dos series, entre otras, de distinta naturaleza pero de idéntico misterio y milagro: “Retratos” y “Paisaje con figura”. Para mi el “tempo” en el cine es algo ineludible, casi religioso; en la fotografía su “tiempo”, se hace memoria instantánea.
Pero ¿qué es, en realidad, el tiempo fotográfico al que me refiero? Si al espacio-tiempo einsteiniano añadimos el “evolucionismo cósmico” y el “universo cristificado” propugnados por Teilhard de Chardin concluiremos en los últimos casi cien años el tiempo ha dejado de ser una sustancia casi mágica para transformarse en eje en torno al cual gira todo el proceso (latido y propósito) del universo. Es pues, este tiempo, el que  fotografía Fernández Saura con un arte inmerso en el tiempo de obturación de su objetivo, de su iris fantástico.
No nos basta en su arte la definición leibniziana del tiempo como orden o relación que guardan los acontecimientos entre sí. Porque el tiempo es eso y es mucho más que eso. La simple realidad es que nuestras limitaciones epidérmicas, nos impiden comprender objetivamente y como espectadores de sus imágenes, realmente, el universo en que vivimos. Sigue siendo un enigma, por ejemplo, la sugerencia apuntada por Von Uesküll y Von Baer respecto a la existencia en nuestro cerebro de un resorte dedicado al sentido del tiempo. Las fotografías de Fernández Saura hacen que ese mecanismo se convierta, no sólo en una verdad tangible, sino admirable. Su sentido del tiempo es real y armónico, equilibrado y bellísimo.
El dato escueto es que cuánto más avanza la ciencia, más y más nos encontramos ante el carácter “místico”, sagrado e inapresable del universo. Por otra parte, como demostró Einstein, también el espacio y el tiempo –al igual que los conceptos de color, tamaño etc..- son formas de intuición que no pueden divorciarse de nuestra conciencia. Y eso es, en realidad palpable, lo que retrata nuestro artista y su parpadeo. Porque el tiempo, uno y múltiple, es cera en la que cada criatura imprime su concepción subjetiva de sus personajes y sus efectos, sus grises y claroscuros, sus matices y sus encuadres. Para Voltaire el tiempo es un consolador de emociones; Para Cervantes –como para el fotógrafo- es el salteador y robador de la humana belleza de las mujeres; para Splengler es un descubrimiento que no hacemos hasta que pensamos. Para los budistas el tiempo es como una gigantesca “samsara” o rueda de las encarnaciones cuyo periodo cíclico es el gran Kalpa.
Ya lo he dicho con intención de claridad meridiana, lo que Ángel Fernández Saura trae en su fotografía, y conscientemente no he traído aquí a otros luminosos colegas, es el tiempo real de un planeta vivo de imágenes. Algo así como el frenazo en la última frontera de lo posible; la resolución de un misterio que llamamos tiempo a partir de la fotografía; de un instante de emoción cotidiana; de un momento de proyección lúdica; de un rostro que ya es eterno; de una actitud humana reconocible en la esencia del personaje reproducido. No existe ninguna edad en su fotografía, porque abarca todas ellas en la disolución y versión de su tiempo de luz. Maestro y genio, lleva consigo todas las ventajas de su privilegiado don artístico.

 Juan Bautista Sanz