La mirada de Ángel Fernández Saura

Publicado el 9 de Mayo de 2011 por Angel en Críticas | Lo que dicen de mí

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Es un fotógrafo que acumula premios y éxitos; tiene una visión espacial en su retina para ver y mirar el paisaje, los objetos, la figura humana. Se convierte así la  mirada de Ángel Fernández Saura,  en prodigio. Así lo demuestra, según mi criterio, en dos series, entre otras, de distinta naturaleza pero de idéntico misterio y milagro: “Retratos” y “Paisaje con figura”. Para mi el “tempo” en el cine es algo ineludible, casi religioso; en la fotografía su “tiempo”, se hace memoria instantánea.
Pero ¿qué es, en realidad, el tiempo fotográfico al que me refiero? Si al espacio-tiempo einsteiniano añadimos el “evolucionismo cósmico” y el “universo cristificado” propugnados por Teilhard de Chardin concluiremos en los últimos casi cien años el tiempo ha dejado de ser una sustancia casi mágica para transformarse en eje en torno al cual gira todo el proceso (latido y propósito) del universo. Es pues, este tiempo, el que  fotografía Fernández Saura con un arte inmerso en el tiempo de obturación de su objetivo, de su iris fantástico.
No nos basta en su arte la definición leibniziana del tiempo como orden o relación que guardan los acontecimientos entre sí. Porque el tiempo es eso y es mucho más que eso. La simple realidad es que nuestras limitaciones epidérmicas, nos impiden comprender objetivamente y como espectadores de sus imágenes, realmente, el universo en que vivimos. Sigue siendo un enigma, por ejemplo, la sugerencia apuntada por Von Uesküll y Von Baer respecto a la existencia en nuestro cerebro de un resorte dedicado al sentido del tiempo. Las fotografías de Fernández Saura hacen que ese mecanismo se convierta, no sólo en una verdad tangible, sino admirable. Su sentido del tiempo es real y armónico, equilibrado y bellísimo.
El dato escueto es que cuánto más avanza la ciencia, más y más nos encontramos ante el carácter “místico”, sagrado e inapresable del universo. Por otra parte, como demostró Einstein, también el espacio y el tiempo –al igual que los conceptos de color, tamaño etc..- son formas de intuición que no pueden divorciarse de nuestra conciencia. Y eso es, en realidad palpable, lo que retrata nuestro artista y su parpadeo. Porque el tiempo, uno y múltiple, es cera en la que cada criatura imprime su concepción subjetiva de sus personajes y sus efectos, sus grises y claroscuros, sus matices y sus encuadres. Para Voltaire el tiempo es un consolador de emociones; Para Cervantes –como para el fotógrafo- es el salteador y robador de la humana belleza de las mujeres; para Splengler es un descubrimiento que no hacemos hasta que pensamos. Para los budistas el tiempo es como una gigantesca “samsara” o rueda de las encarnaciones cuyo periodo cíclico es el gran Kalpa.
Ya lo he dicho con intención de claridad meridiana, lo que Ángel Fernández Saura trae en su fotografía, y conscientemente no he traído aquí a otros luminosos colegas, es el tiempo real de un planeta vivo de imágenes. Algo así como el frenazo en la última frontera de lo posible; la resolución de un misterio que llamamos tiempo a partir de la fotografía; de un instante de emoción cotidiana; de un momento de proyección lúdica; de un rostro que ya es eterno; de una actitud humana reconocible en la esencia del personaje reproducido. No existe ninguna edad en su fotografía, porque abarca todas ellas en la disolución y versión de su tiempo de luz. Maestro y genio, lleva consigo todas las ventajas de su privilegiado don artístico.

 Juan Bautista Sanz

En Gambeta, en 1979, es el año internacional del niño.

Publicado el 24 de Noviembre de 2009 por Angel en Poemas | Lo que dicen de mí

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En Gambeta, en 1979, es el año internacional del niño.

Gambeta es el reino de las ratas. No existe red de alcantarillado y las aguas fecales discurren por surcos callejeros.

En Gambeta el aire huele a basura. Construido sobre lo que fue uno de los vertederos mas grandes de la ciudad. “El montón”, este mísero barrio de de la ciudad de Lima, es un claro exponente de la emigración rural  a la capital, buscando el falso tesoro de la prosperidad, debido al olvido de las instituciones locales  hacia el medio rural.

En Gambeta no hay jardines.  No hay flores, ni plantas, ni árboles, su suelo es gris y sucio como cielo de Lima. Las moscas y cucarachas sustituyen a las mariposas.

En Gambeta no hay aceras, ni el suelo está asfaltado. Las ráfagas de viento levantan el polvo ya de por si maloliente, haciendo bailar como extraños pájaros múltiples bolsas de plástico y papeles. Los famélicos perros escarban aquí y allá buscando algún pobre despojo con el que alimentarse.
Las casas construidas con materiales de deshecho se alinean en improvisadas y sinuosas calles, bajo una maraña desordenada de cables y antenas de televisión.

Gambeta es el reino de las gaviotas, surcan el cielo del barrio junto los jets del cercano aeropuerto y disputan el territorio a las ratas y a los cerdos que  se alimentan en el vertedero vecino.

Gambeta es el reino de la pobreza, no hay tiendas ni juguetes. En una de esas míseras casas y en lo que pretende ser su patio, semidesnudo y descalzo, está Antonio, un niño down, que sus padres tiene atado por el tobillo a una estaca, cual animal, para que no estorbe. Al verse fotografiado, Antonio, no dice nada, no pide nada y nos regala con una sonrisa.

Gambeta es el reino de la tristeza.

Gambeta es el reino de la hipocresía humana.

Angel Fernández Saura Lima 1979

El otoño se viste de luto. Irving Penn y Lolo Ruiz

Publicado el 8 de Octubre de 2009 por Angel en Recuerdos

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Es el final del verano, el bochorno nos deja ya dormir, las estridentes chicharras y grillos enmudecen, los días se acortan rápidamente y el paisaje verdece gracias  a las lluvias, contrastando con los cálidos colores de la caída de la hoja. Un ciclo mas, después de las deseadas vacaciones, del retorno de los viajes, volvemos a donde siempre, a lo cotidiano. Parece que nada ha cambiado, que todo esta igual para los que estamos, pero algunos se han ido y  no volverán.

Irving Penn, el fotógrafo que influyó en mi trabajo desde que me tropecé con su obra y revolucionó la iconografía de la moda a mediados del siglo XX, falleció ayer a los 92 años de edad en su apartamento de Nueva York. Penn cambió para siempre el mundo de la moda, al unir arte y publicidad, vanguardia y sentido comercial, abriendo el camino a otros fotógrafos estrella, como Richard Avedon o Mario Testino. Hoy en día sus fotografías se exhiben en los grandes museos del mundo.

Sus retratos muestran una evolución en su estilo, acercándose más al personaje para acentuar su personalidad, y a menudo fotografió en un plano corto, en el que todo el espacio se llena con un rostro. Precisamente, uno de esos famosos retratos es la instantánea que Penn tomó de Picasso en 1957 en Cannes (Francia), en la que se ve su rostro ladeado entre sombras, con sombrero y embozado en su abrigo, centrando la intensa mirada de uno de los ojos del artista.

Lolo Ruiz, pintor, amigo y sobre todo persona nos dejo con la canícula de Agosto.Colega de sus colegas, hombre libre y libertador que desprendía alegría por los cuatro costados. Su pintura iconográfica, esquematica y sencilla hablaba de un entorno personal primigenio y sensual. Lolo ha sido protagonista callado, ha sido de esos artistas que no han faltado a la condición necesaria de la humildad para que sean otros los que hablen de sus méritos, alejado de modas, tendencias y protocolos utilizo el arte para enriquecerse, fue un buen creador, con más posibilidades de las que él mismo se concedió, devorando la vida a grandes tragos.

Valla con esta fotografía un homenaje a ambos: a mi amigo por el tiempo que pasamos juntos y al gran maestro fotógrafo por haberme abierto algún camino en la luz.